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Ocho años en una esquina

Writer: Elsy Zavarce
Elsy Zavarce
Oct 13
6 min read

Updated: Oct 21

Gestos silenciosos, poéticos y críticos


Una foto de perfil en una red social es la imagen que elegimos proyectar de nosotros mismos. La mía, en Facebook, lleva ocho años igual: yo, sentada en el piso del Museo de Arte Contemporáneo del Zulia (MACZUL), dentro de mi instalación Digresiones: de los mitos y las ilusiones de esplendor. Con el tiempo, entendí que esa instalación fue una antología y que la foto muestra un hábitat de memoria en el que el tiempo cronológico se desarticula en anacronías espaciales. Fue también un momento de quiebre que todavía estoy tratando de entender.

Instalación:Digresiones: de los mitos y las ilusiones de esplendor. Maczul 2018
Instalación:Digresiones: de los mitos y las ilusiones de esplendor. Maczul 2018

La esquina

La obra se hizo con archivos de mis trabajos pasados, para la exposición Cuerpo en cuestión, que curamos María Verónica Machado, Neydalid Molero y yo. La instalación la resolví en una esquina, con ejes cronológicos, horizontalmente corría el tiempo del país: la tierra antes de la colonización, la independencia, el petróleo, la ilusión de la modernidad, un horizonte rojo, la diáspora. Verticalmente había tres niveles: subterráneo, tierra y aire. Líneas de perfil de aluminio guiaban y separaban esas lecturas. Las digresiones eran las pausas dentro del tiempo histórico, el espacio para pensar cómo evoluciona Venezuela a lo largo del tiempo y, a la vez, en simultáneo.

Hoy la esquina me parece una inflexión. Fue mi última exposición en Venezuela antes de salir forzada hacia Canadá¹ y empezar de nuevo. Después de esa sala, migrar y migrante se convirtieron en el eje de mi trabajo. Había escrito la diáspora al final de una línea de tiempo, sin saber que el último tramo también sería mío.

Vista general. Maczul 2018
Vista general. Maczul 2018

Lo que había en la pared

Los vinilos eran retazos sobrantes de instalaciones y de esculturas blandas de mi pasado. El azul, el agua: el lago de Maracaibo, origen de la ciudad. El negro, el petróleo, la riqueza que terminó llevándonos a la pobreza. El rojo, el horizonte rojo y el uso político del color, que nos dominó ideológicamente. Un papel marmoleado que me regalaron tenía colores similares a los de los óxidos industriales y me ayudó con la composición.

Detalle de materiales: telas y vinilos sobrantes que representan el agua, el petróleo y el territorio.
Detalle de materiales: telas y vinilos sobrantes que representan el agua, el petróleo y el territorio.

Entre ellos puse cosas, procesos y archivos muy personales. Un Bolívar en su plaza, velado bajo un papel. Un libro abierto sobre la historia patria de Guzmán Blanco. Una marina de mi primera clase de pintura, cuando no vivía frente a un lago. Dibujos de mis hijos de preescolar, uno de ellos sobre el encuentro de dos mundos. Las fotografías de mi primera exposición individual, Por el silencio, en la que una bailarina de diecisiete años posó con fuerza en el estudio: Patricia Velázquez, quien años después se fue del país y a quien no volví a ver. Se convirtió en la “princesa wayuu”, imagen de la tierra y de los pueblos originarios. Muchas de esas imágenes quedaron veladas bajo papel translúcido, y la veladura fue una metáfora en toda la esquina.

Fragmentos, procesos y archivos personales velados en la pared.
Fragmentos, procesos y archivos personales velados en la pared.

En una de las cajitas puse un recorte de prensa, «¿Historia sin mujeres?», que guardé desde mis años de estudiante universitaria sin saber bien para qué: quizá para recordar algún día lo que me marcó y me interesa. Las cajitas de cartón, que guardaban lentes de vidrio de los años setenta, conservan todavía anotaciones a mano de su vida anterior.

Recorte de prensa titulado «¿Historia sin mujeres?» guardado en una caja de lentes de los años setenta.
Recorte de prensa titulado «¿Historia sin mujeres?» guardado en una caja de lentes de los años setenta.

El extremo

En el extremo de una línea, en el piso, puse una Constitución de Venezuela de bolsillo, pisada por una piedra, con una cinta tricolor asomando por debajo. En la pared de arriba, al otro extremo del origen, coloqué primero un patito blanco, los tiempos inocentes previos a la migración masiva, y luego tres patitos de madera: amarillo, azul y rojo, los colores de la bandera, como símbolo de la diáspora de salida. Eran de una producción de juguetes de los años setenta y, para mí, guardaban la memoria de una Venezuela inocente, productiva y, de alguna manera, un poco irresponsable. Abajo, la ley bajo una piedra; arriba, los juguetes que ya se iban.

La ley bajo la piedra: detalle del extremo inferior de la instalación Digresiones.
La ley bajo la piedra: detalle del extremo inferior de la instalación Digresiones.

Esos paticos ya tenían historia. En 2014, en Arqueología lúdica: 100 días, también en el MACZUL, los usé como silueta para cortar una colcha azul. Al cortar, el relleno quedó al descubierto. De esa colcha me traje algunos patos recortados que, en 2022, fueron el punto de partida de Remiendos, un proyecto que invita a remendar el borde.

Vista general. Foto de María Alejandra Sánchez, Maczul 2018.
Vista general. Foto de María Alejandra Sánchez, Maczul 2018.

Lo que se quedó y lo que se fue

Había, además, una escultura blanda de vinil, larga y volumétrica, gris plateada con azul, de unos dos metros y medio de largo, tendida en el piso. Sacaba la obra del plano y la trasladaba al espacio. Las dimensiones del MACZUL me permitieron no limitarme en recursos y así desarrollar un dispositivo de varios momentos que dialogan en la esquina, una acumulación de memorias, significados y representaciones a la manera de Kurt Schwitters. Y da la casualidad de que Schwitters también terminó en el exilio, intentando reconstruir en otro país lo que había dejado atrás.

Al terminar la exposición, la obra se desmontó. La mayoría de las piezas volvió a mi casa y algunas se quedaron en las bóvedas del MACZUL. Los patos de madera, el recorte y gran parte de lo guardado siguen en Venezuela. Aquí, en Montreal, tengo unos paticos, uno pintado de blanco y otro amarillo. Lo que cruzó fueron unos lentes de vidrio que no estaban en la instalación. En febrero de 2019, en mi primer invierno, hice con ellos una serie de fotografías sin título para buscar, a través de la lente, un sentido de lugar y de pertenencia. Dos años después, formó parte de la exposición Resilience Gaze, en el Centro George Vanier, en Montreal.

Vista general. Foto de María Alejandra Sánchez, Maczul 2018.
Vista general. Foto de María Alejandra Sánchez, Maczul 2018.

Pistas

Hace poco, mi mentora de este año en Art Volt (Concordia), Nayla Dabaji, me recomendó Habiter l’exposition, de Mathilde Roman, cuando le hablé de lo que venía haciendo. Entendí entonces que llevaba años usando la escenografía como dispositivo sin haberle puesto nombre: no coloco objetos en una sala, sino que construyo un lugar para habitarlo. En esta foto, lo hago literalmente: sentada dentro de la obra.

Jonathan Lara escribió sobre mi trabajo que entramos en sitios que al principio no entendemos, y que hay que hacer acercamientos, escuchar, detenerse y estar atentos a las pistas. Yo lo recuerdo como una comprensión lenta que requiere tiempo. Mis objetos son esas pistas, y sobreviven: Warburg hablaba de la supervivencia de las imágenes. No recuerdan por mí, pero cambian de función y vuelven.

En esa foto estoy sentada en el piso de una sala en Maracaibo; de alguna manera, sigo ahí.

Elsy Zavarce en el proceso de montaje de la instalación "Digresiones". MACZUL, Maracaibo, 2018. Foto: María Verónica Machado.
Elsy Zavarce en el proceso de montaje de la instalación "Digresiones". MACZUL, Maracaibo, 2018. Foto: María Verónica Machado.


¹ En los años previos a 2018, Venezuela atravesó un colapso económico, social y político: hiperinflación, escasez de alimentos y medicinas, deterioro de los servicios públicos y de las instituciones, y represión de la protesta. Casi siete millones de personas refugiadas y migrantes venezolanas viven hoy en América Latina y el Caribe, según R4V, la plataforma de la ONU para esta crisis (agosto de 2026), y otras en el resto del mundo. Yo soy una de ellas.


Catálogo de la exposición: ver en Amazon. Diseño y edición: Andrés Matute.


Gracias a Nayla Dabaj por el libro y la conversación; a María Verónica Machado y Neydalid Molero, co-curadoras de Cuerpo en cuestión; y a Helisandro Molero y al equipo del MACZUL, que apoyaron la museografía ( MACZUL guarda parte de esta obra).


Fotos: la del perfil es de la Revista Tendencia (Maracaibo); la de la artista, en proceso de instalación, es de María Verónica Machado. María Alejandra Sánchez: fotos de la sala, el resto y archivo de la artista.


Elsy Zavarce es artista visual, curadora, educadora e investigadora. Doctora en Educación en las Artes (Concordia, 2025) y profesora emérita de la Universidad del Zulia, con más de cuatro décadas de experiencia en exposiciones, curaduría e investigación. Dirige Escolarte.




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©2026_Elsy Zavarce

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